Señores, esto es un quilombo. Perdón por la efusividad, por el vocabulario soez, por lo mundano del término. Pero esto es un quilombo.
¡Qué partido! ¡Qué contienda! ¡Qué momento histórico estamos a punto de vivir! Menos de 24 horas nos separan del cotejo más importante y caliente de la década. Ni el mundial de Sudáfrica ha despertado tanta rivalidad. Tantas suspicacias. Internas en los planteles, apuestas desmedidas, manejos espurios, jugadores convocados que a último momento alegan compromisos insalvables que les impiden presentarse el viernes en el campo de juego. Refuerzos nacionales e internacionales que salvan esas ausencias dudosas. Sin pelos en la lengua Fabián “té de bolas verdes” Manzanillas declara ser el refuerzo de Francia desde Ecuador y que su transferencia ha costado 300 Millones de dólares. ¿Es cierto que en el 2008 parte del plantel argentino (se habla de “la gacela” Faturos, “el Giampa” Samá y “El bonza” Ruiz) viajó hasta Quito? ¿Y qué en un bar de mala muerte intentaron tentar al ecuatoriano para jugar en la Argentina a cambio de tres rón con coca y cinco pesos argentinos? ¿Qué alegaron para lograrlo que en el billete estaba la cara de San Martín y colocando en la mesa otro con el rostro de Simón Bolivar dijeron que esté encuentro significaba tanto o más que el encuentro de Guayaquil entre los libertadores de América? ¿Qué tienen para decir sobre esta transferencia millonaria los dos metros de futbol de Esteban “economía” Kiper? ¿Desequilibra la balanza de pagos? ¿Cómo se ven afectados los mercados? ¿Hay solvencia? ¿Hay respaldo? ¿A cuánto se lo incorpora a él? ¿No quiere ir al arco?
¡¡¿Hay dos copas?!! Las pruebas están ahí a la vista. ¿O las fotos son trucadas? Todos vimos a Lautaro “el tío” Perotti sosteniendo la copa. Todos vimos a Emmanuel “Manu” Seuge sosteniendo la copa. ¿Cuál es la réplica? ¿Cuál la verdadera? Y “el Giampa” Samá dice que la copa está en Italia. Y el Rafa do Brasil/Francia dice que en Brasil hay cinco. Y Joni “el ruso” Zak y Maxime “la poutre” Seugé que la verdadera copa está en timbre 4. Y Clement Seugé le pide que no hablé así de un compañero francés y afirma que la verdadera está en Francia. Y “Manu” Seugé que está en Atlanta. ¡Y Adrien “el pibe” Seugé dice que si hay comida viene! ¡¡¿Y cuantós Seugé hay?¡¡ Y Benjamin Torres Agüero corta por lo sano, alega jet lag y promete paliza. Y, y, y, y así una lista interminable. Hasta Hernán “el pitu” Grinstein reconocido por su carácter meditativo entró en la contienda.
¡¡¿Cuántas copas hay?¡¡
Otra vez, señores, es la infamia de los poderosos engañando y jugando con la esperanza de los pueblos. Reparten copas a troche y moche para generar esta clase de conflictos ante un match crucial en la unión de la comunidad internacional. Como en México 86 lo que mañana tendremos en el barrio de Boedo es el mundo unido por un balón. La copa que se juega es la copa que se gana. Más o menos verdadera, y así fuera una copa de alambre, el viernes todos los jugadores dejaran el alma en la cancha para poder alzar ese trofeo hacia el cielo cuando suene el pitazo final.
¿Una mano sucia? ¿Hay incentivación? ¿Amenazas? ¿Julio Grondona? ¿Joseph S. Blatter? ¿João Havelange? ¿Es cierto que Mauricio “Montgomery Burns” Macri quiere frenar el partido por decreto si no lo convocan? ¿Qué Lilita “delirio” Carrió dice haber hablado con dios y que “algo terrible va a pasar”?
Por suerte, compañeras y compañeros del balón pie, si Carrió lo anuncia no pasa nunca.
Este cronista ejerce su labor de manera independiente. Investiga con profesionalismo y seriedad pero hay sectores, grandes grupos mediáticos, que quieren mantener la verdad en las sombras. Estos interrogantes deberán ser respondidos por todos y cada uno de nosotros poniendo en práctica nuestro acaso dormido criterio y sentido común.
Lo que sí puedo y debo hacer en traerles a ustedes un mensaje que aleje de nuestro cielo los negros nubarrones que pretenden llover y granizar sobre ésta fiesta.
No debemos olvidar que este partido es un capítulo en un acontecimiento de mayor envergadura. Sí, señoras y señores, ni más ni menos que la celebración de una boda.
Deberíase entonces dejar de lado toda rivalidad y que las pasiones del fútbol se aplaquen ante la celebración del amor.
Desde el humilde punto de vista de este cronista no caben dudas. Este cronista no duda. Toda rivalidad debe ser aplacada. Debemos asistir a un partido donde se deje todo en la cancha. Donde se traspire pasión y sentimiento. Donde los jugadores dejen el alma en cada pelota. En cada lateral. En cada tiro de esquina. Pero sobre todas las cosas deberá prevalecer un mutuo sentimiento de festejo y algarabía. Una alegría pacifica de buen futbol y juego limpio.
Este cronista cree y creerá siempre en el amor, sí señores, lo digo con fervor, sin miedo, sin vergüenza, sin anestesia, así: a lo guapo, y con la certeza de que el mítico poeta e intelectual tenía razón: el amor es más fuerte.
Porque el futbol es pasión. Porque el futbol es vida. Porque la vida y el futbol deben vivirse apasionadamente. Porque el amor es vida. Porque la vida es pasión. Entonces si el amor es vida y la vida es pasión y el futbol es apasionado y la pasión es vida y el amor apasionado y la vida, futbol, y el futbol pasión y vida. Entonces el futbol sería…no…a ver…sí: amor. Amor a la camiseta. Amor a la pelota que no se mancha. Amor de la hinchada que sigue a todas partes. Es eso lo que celebramos. Y hoy se impone por sobre todos los acontecimientos y rivalidades que rodean éste clásico del deporte mundial.
Porque, amigos, sin amor la vida sería un ensayo para la muerte.
Las luces del estadio se encienden. Las hinchadas ya están calentando las gargantas para alentar sin descanso. Los jugadores concentran. La ciudad no duerme. El viernes, aficionados y no tanto, hay futbol del bueno. Y el sábado habrán de brindar todos con la misma copa.
Este cronista sentencia categóricamente: será una fiesta. Una fiesta internacional y popular.
Ésta es la seriedad y el profesionalismo que los acontecimientos me exigen. Qué no puedo eludir. No del todo al menos. Tal vez un poco, y solo un poquito nomás, para decir algo que no puedo callar. Porque si me callo, ¿para qué me dieron la voz?: Qué gane el mejor. Qué sea argentina. Porque es mejor. Y les vamos a llenar la canasta de goles. Y esto es objetivamente irrefutable.
Señoras, señores, niños y niñas, la cancha está que explota y la mesa está servida.
¡Vermuth con papas fritas y good show!
¡¡Qué viva el futbol!!
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