viernes, 26 de agosto de 2011

jueves, 16 de septiembre de 2010

Un sueño



...y allí se encontró otra vez. De alguna manera seguía siendo una incógnita. A pesar de las repetidas veces que había soñado que soñaba, y dentro de un sueño soñaba otro, le era imposible reconocer cuáles de aquellas historias - no puede hablarse de vivencias - era real. Aunque, convengamos, realidad es un término poco serio. Al dormirse sabía que invariablemente entraría en esa especie de caja china donde los sueños se sucedían uno dentro de otro con un perfecto y exasperante orden, una secuencia única que impedía soñar dos sueños a la vez....
... lo que le aterraba profundamente era la incertidumbre ¿Acaso las cajas chinas no tienen una última, las más pequeñita, y después la nada? La sola idea de llegar al último sueño lo hacía temblar, sudaba y en la boca del estomago el hueco le impedía respirar. Una y otra vez se preguntaba si sería esa la cura para acomodar de una vez y para siempre su difusa percepción de la realidad o si, al contrario, y esto era lo que más le atemorizaba, el último de los sueños traería consigo el desenlace de su existencia pues ya no volvería a despertar. En sus conjeturas había afirmado la idea de que sería su cuarto el escenario del fin y su cama el ataúd. Se iría a dormir como tantas noches, sin prisa pero sin calma, sin saber si era verdad esto o lo que estaba por venir, si ahora volvería a la vida, o si la dejaba para siempre...
... había una tercera opción. Era la de entrar en un limbo de sensaciones, en un mar tibio y apacible de fantasías donde infinitamente habría de flotar sin preocupaciones, ni dudas, ni tormentosas preguntas sobre lo real o lo verdadero. Lamentablemente era demasiado pesimista para creer en esto con lo cual su vida, vaya uno a saber cuál era, se debatía entre el tormento y la esperanza de que de algún modo terminaría su calvario...
... sólo una vez estuvo en ese lugar donde quedarse era un buen pasar. Ahí no importaba si estaba empíricamente vivo o dormido o en trance o qué. Estaba tranquilo, abstraído y bien acompañado. Pero no supo quedarse. Inevitablemente continuó soñando y fue siguiendo la secuencia que mecánica y arbitrariamente debía seguir. Durante un tiempo buscó aquel sueño entre los sueños, descartaba lugares, vidas, corría sin probar uno tras otro, paso semanas acostándose en tantos lugares diferentes pero siempre despertaba en uno que no era y volvía a dormirse para parpadear en el lugar equivocado. Hasta que fingiendo olvido dejó de intentar. Y siguió...
... francamente ya no le importaba como acabar con esta alteración dormido-despierto, lo único que puede decirse sabía con certeza es que no soportaba más. Estaba cansado, mucho, y era terrible. Había intentado en más de una ocasión mantenerse despierto. Primero, a fuerza de voluntad y distracciones. Luego bajo el efecto de narcóticos estimulantes. Era en vano, fracasaba y terminaba durmiéndose en los lugares y momentos menos indicados. Soñando perdió el trabajo y sus amistades fueron desvaneciéndose. No era sinceramente la mejor compañía, estaba triste, malhumorado y en medio de una conversación se dormía profundamente. Con el tiempo él mismo opto por la soledad luego de transitar algunas situaciones donde despertando de golpe en reuniones o fiestas inquirió violentamente a quien se le cruzara ¿Estoy soñando? ¿Esto es real? ¿Existís? ¿Existo? ¡Confesa!...
...se metió en la cama, hoy estaba particularmente cansado, se tapó prolijamente y, observando los hilos de luna que entraban por las rendijas de la persiana, se durmió...
...se despertó, miró alrededor buscando algo familiar que le indicara donde viviría hoy y reconociendo el lugar no pudo contener un murmullo de ansiedad. Faltaba algo, no sabía qué, y de repente lo vio. El conejo blanco se le acercó saltando y en un último brinco le pateó la frente desplomándolo en el piso. Del bolsillo de su chaleco sacó treinta relojes y dijo: “Perdón, se me hizo tarde. Siempre se me hace tarde” Y luego de un silencio agregó vanidoso: “Estaba filmando un libro. En otro lado y sí...deje algunas cosas perdidas por acá pero de algo hay que vivir ¿O no?” Se rió en una carcajada de dos días y medio y, mientras guardaba los relojes, señaló el camino de gardenias hasta un burbuja crepuscular donde dormía la locura envuelta en una muchacha aniñada...
Y entonces soñó o despertó ¿Cómo voy a saber? Sus ojos no miraron nunca más. Por lo menos no en este lugar donde vivo yo, o sueño, o me quedé...

jueves, 22 de abril de 2010

Última cronica de un partido anunciado.

Señores, esto es un quilombo. Perdón por la efusividad, por el vocabulario soez, por lo mundano del término. Pero esto es un quilombo.
¡Qué partido! ¡Qué contienda! ¡Qué momento histórico estamos a punto de vivir! Menos de 24 horas nos separan del cotejo más importante y caliente de la década. Ni el mundial de Sudáfrica ha despertado tanta rivalidad. Tantas suspicacias. Internas en los planteles, apuestas desmedidas, manejos espurios, jugadores convocados que a último momento alegan compromisos insalvables que les impiden presentarse el viernes en el campo de juego. Refuerzos nacionales e internacionales que salvan esas ausencias dudosas. Sin pelos en la lengua Fabián “té de bolas verdes” Manzanillas declara ser el refuerzo de Francia desde Ecuador y que su transferencia ha costado 300 Millones de dólares. ¿Es cierto que en el 2008 parte del plantel argentino (se habla de “la gacela” Faturos, “el Giampa” Samá y “El bonza” Ruiz) viajó hasta Quito? ¿Y qué en un bar de mala muerte intentaron tentar al ecuatoriano para jugar en la Argentina a cambio de tres rón con coca y cinco pesos argentinos? ¿Qué alegaron para lograrlo que en el billete estaba la cara de San Martín y colocando en la mesa otro con el rostro de Simón Bolivar dijeron que esté encuentro significaba tanto o más que el encuentro de Guayaquil entre los libertadores de América? ¿Qué tienen para decir sobre esta transferencia millonaria los dos metros de futbol de Esteban “economía” Kiper? ¿Desequilibra la balanza de pagos? ¿Cómo se ven afectados los mercados? ¿Hay solvencia? ¿Hay respaldo? ¿A cuánto se lo incorpora a él? ¿No quiere ir al arco?
¡¡¿Hay dos copas?!! Las pruebas están ahí a la vista. ¿O las fotos son trucadas? Todos vimos a Lautaro “el tío” Perotti sosteniendo la copa. Todos vimos a Emmanuel “Manu” Seuge sosteniendo la copa. ¿Cuál es la réplica? ¿Cuál la verdadera? Y “el Giampa” Samá dice que la copa está en Italia. Y el Rafa do Brasil/Francia dice que en Brasil hay cinco. Y Joni “el ruso” Zak y Maxime “la poutre” Seugé que la verdadera copa está en timbre 4. Y Clement Seugé le pide que no hablé así de un compañero francés y afirma que la verdadera está en Francia. Y “Manu” Seugé que está en Atlanta. ¡Y Adrien “el pibe” Seugé dice que si hay comida viene! ¡¡¿Y cuantós Seugé hay?¡¡ Y Benjamin Torres Agüero corta por lo sano, alega jet lag y promete paliza. Y, y, y, y así una lista interminable. Hasta Hernán “el pitu” Grinstein reconocido por su carácter meditativo entró en la contienda.
¡¡¿Cuántas copas hay?¡¡
Otra vez, señores, es la infamia de los poderosos engañando y jugando con la esperanza de los pueblos. Reparten copas a troche y moche para generar esta clase de conflictos ante un match crucial en la unión de la comunidad internacional. Como en México 86 lo que mañana tendremos en el barrio de Boedo es el mundo unido por un balón. La copa que se juega es la copa que se gana. Más o menos verdadera, y así fuera una copa de alambre, el viernes todos los jugadores dejaran el alma en la cancha para poder alzar ese trofeo hacia el cielo cuando suene el pitazo final.
¿Una mano sucia? ¿Hay incentivación? ¿Amenazas? ¿Julio Grondona? ¿Joseph S. Blatter? ¿João Havelange? ¿Es cierto que Mauricio “Montgomery Burns” Macri quiere frenar el partido por decreto si no lo convocan? ¿Qué Lilita “delirio” Carrió dice haber hablado con dios y que “algo terrible va a pasar”?
Por suerte, compañeras y compañeros del balón pie, si Carrió lo anuncia no pasa nunca.

Este cronista ejerce su labor de manera independiente. Investiga con profesionalismo y seriedad pero hay sectores, grandes grupos mediáticos, que quieren mantener la verdad en las sombras. Estos interrogantes deberán ser respondidos por todos y cada uno de nosotros poniendo en práctica nuestro acaso dormido criterio y sentido común.

Lo que sí puedo y debo hacer en traerles a ustedes un mensaje que aleje de nuestro cielo los negros nubarrones que pretenden llover y granizar sobre ésta fiesta.

No debemos olvidar que este partido es un capítulo en un acontecimiento de mayor envergadura. Sí, señoras y señores, ni más ni menos que la celebración de una boda.

Deberíase entonces dejar de lado toda rivalidad y que las pasiones del fútbol se aplaquen ante la celebración del amor.

Desde el humilde punto de vista de este cronista no caben dudas. Este cronista no duda. Toda rivalidad debe ser aplacada. Debemos asistir a un partido donde se deje todo en la cancha. Donde se traspire pasión y sentimiento. Donde los jugadores dejen el alma en cada pelota. En cada lateral. En cada tiro de esquina. Pero sobre todas las cosas deberá prevalecer un mutuo sentimiento de festejo y algarabía. Una alegría pacifica de buen futbol y juego limpio.


Este cronista cree y creerá siempre en el amor, sí señores, lo digo con fervor, sin miedo, sin vergüenza, sin anestesia, así: a lo guapo, y con la certeza de que el mítico poeta e intelectual tenía razón: el amor es más fuerte.

Porque el futbol es pasión. Porque el futbol es vida. Porque la vida y el futbol deben vivirse apasionadamente. Porque el amor es vida. Porque la vida es pasión. Entonces si el amor es vida y la vida es pasión y el futbol es apasionado y la pasión es vida y el amor apasionado y la vida, futbol, y el futbol pasión y vida. Entonces el futbol sería…no…a ver…sí: amor. Amor a la camiseta. Amor a la pelota que no se mancha. Amor de la hinchada que sigue a todas partes. Es eso lo que celebramos. Y hoy se impone por sobre todos los acontecimientos y rivalidades que rodean éste clásico del deporte mundial.

Porque, amigos, sin amor la vida sería un ensayo para la muerte.

Las luces del estadio se encienden. Las hinchadas ya están calentando las gargantas para alentar sin descanso. Los jugadores concentran. La ciudad no duerme. El viernes, aficionados y no tanto, hay futbol del bueno. Y el sábado habrán de brindar todos con la misma copa.
Este cronista sentencia categóricamente: será una fiesta. Una fiesta internacional y popular.

Ésta es la seriedad y el profesionalismo que los acontecimientos me exigen. Qué no puedo eludir. No del todo al menos. Tal vez un poco, y solo un poquito nomás, para decir algo que no puedo callar. Porque si me callo, ¿para qué me dieron la voz?: Qué gane el mejor. Qué sea argentina. Porque es mejor. Y les vamos a llenar la canasta de goles. Y esto es objetivamente irrefutable.

Señoras, señores, niños y niñas, la cancha está que explota y la mesa está servida.
¡Vermuth con papas fritas y good show!
¡¡Qué viva el futbol!!

miércoles, 21 de abril de 2010

3- Crónica de un partido anunciado (muy anunciado)

Mientras el mayor de los hermanos Faturos se lamenta de su maldita suerte en los vestuarios, el "tanque" Madou ha regresado al sector canchas. Allí, una situación casi desbordada le hará olvidar por unos minutos que en las duchas ha dejado abandonado a su compañero de selección en una desigual lucha contra dos grandes de la naturaleza: el agua (fría) y el fuego.
¿Qué estaba sucediendo aquí en las canchas? ¿Qué desbordada situación pudo hacer que Madou olvidara su acaso reprochable comportamiento? Aquí, la historia.

Al bajar la escalera y llegar al sector canchas, el "tanque" no puede ocultar su sorpresa. El "chucho" Asturi está enojado. Visiblemente enojado. Extraño de un jugador cuyo profesionalismo y estudios técnicos lo vuelven resolutivo y pacificador en las contiendas del balón pie. Pero se ha roto un código. Un código que no está escrito en ningún reglamento, en ningún manual, en ninguna libreta, pero que sin embargo rige las normas de convivencia necesarias para un deporte tan apasionado como el fútbol: Lo que pasa en la cancha, queda en la cancha. Hoy no ha sido así.

El Giampa Samá no ha tenido un buen partido.No ha anotado ningún gol. Pegó tres pelotas en el palo, erró un penal, en una de sus características corridas a toda velocidad por el carril derecho trastabilló y terminó literalmente incrustado en la pared del fondo, y, para culminar un partido para el olvido, ésto:

Minuto 37. Jugada magistral. Mitad de cancha. Seugé barre al piso y recupera la pelota de los pies del "Agus" Scalise. Toca para "el mati" Labadens, éste desborda hacia la izquierda y toca atrás para Ruiz que da un pase en profundidad a Madou que pica desde el fondo pegado al lateral derecho. Este juega la pared con Ruiz que corre a recibir y descarga a Seuge que de un toque habilita a Labadens que entra en el area desde la izquierda. En el arco, el terror de los delanteros: Lisandro "sutileza" Penelas. El arquero sale cerrando el ángulo de tiro pero con un quiebre de cintura (que luego le costaría dormir sentado) el delantero pasa a Penelas por la izquierda y toca al centro del área donde "el Giampa" recibe sin marca y con la valla desprotegida. Señores, en una de esas noches en que uno puede decir: no me sale una, la pelota pica con chanfle y Sama la manda a la tribuna. La puteada más chica se oyó en Sicilia.

Hasta aquí un mal partido y un enojo sin destinatario. Pero en el minuto 42 el "chucho" Asturi en una muestra de habilidad poco propicia le hace al "giampa" Sama dos caños seguidos. ¿Fue intencional? ¿Acaso Asturi quería provocar al italiano? ¿Acaso son prácticas de ese equipo tan provocador? ¿Lo aprendió de "la gacela" Faturos? Nunca lo sabremos pero si en ese instante el italiano le barría los tobillos de una zancadilla al "chucho", tengo que decir, no hubiera estado mal....
Sin embargo no sucedió así y tras el pitazo final vendría "la vendetta".

Sector bar. Después de una breve charla post partido, El "Chucho" toma su bolso para retirarse. Al abrirlo en busca de las llaves del auto algo hace que los ojos del jugador se enrojezcan hasta las lágrimas. Un terrible hedor, proveniente del interior del bolso, le entra por las fosas nasales y le invade los órganos nublándole los cinco sentidos (sí, el tacto también).
Es una media deportiva. Una media deportiva azul. Una media deportiva azul y transpirada. Una media deportiva azul, transpirada y de marca. Una media Angelo Paolo.
Asturi comprende todo en un instante. Su mente de técnico hila en un segundo todo lo acontecido y sale disparado hacia Sama. Lo increpa:
"Me metiste la media en el bolso. Me arruinaste la ropa. Y el bolso".
" Io no fui!" - se defiende Samá -"¿Por qué pensás que fui yo?"
Pero algo delata al italiano. Algo que al mismo tiempo salva su integridad.
"Porque estás con los pantalones cortos y te dejaste puestos los botines", retruca Chucho.
"¿Y con eso qué?", exige el italiano.
" Giampa - intercede, sagaz, el "Chino" Faturos - tenés puesta una sola media. Y la del bolso es igual"
Prueba rotunda. Es evidente que este comportamiento no está en la naturaleza de Samá. Desconocedor de las prácticas vengativas no ha podido ocultar su culpabilidad ni cinco minutos.
Hay tensión. El aire se corta con una hoja. Para colmo, solo "el chino" Faturos se interpone entre los dos jugadores. Éste busca en todas direcciones alguien que le ayude a detener la riña pero el panorama es poco alentador: Maxime "la poutre" está absorbido por su iphone en la otra pasión que puede alejarlo de un estadio: el trabajo. Penelas y Labadens han bebido demasiada cerveza post partido y abrazados (más bien apoyados hombro con hombro para sostenerse en pie) cantan un tango en catalán (????). "Bonzai" Ruiz que tampoco ha tenido un buen partido sigue en la cancha visiblemente enojado, dando vueltas alrededor del banderín del corner, haciendo gestos y hablando solo, Scalise se toca los rulos, y el tanque Madou está al pie de la escalera como un zombie. "El chino" le grita: "¡Eh! Despabilate que se matan estos". Madou, como despertando de un sueño eterno, sacude fuertemente la cabeza y corre a separar a Sama y Asturi. Lo logra. Los tranquiliza con palabras y palabras. Todo se ha calmado. Todo está tranquilo.
Súbitamente se oye un estruendo. Cristales rotos. Todos se vuelven. Sí. Es el "ruso" Zak que ha estrellado una copa contra el piso. Está ebrio. Al sentirse un tanto observado sale disparado a toda prisa por Gallo en dirección Rivadavia.
Y es allí cuando "El chino" pregunta: " Che, ¿y Diego? ¿Dónde está?"
Madou responde sin pensarlo: "Creo que lo vi irse."

En las duchas, algo tiembla.....

¡¡¡Qué viva el fútbol!!!

2- Crónica de un partido anunciado (muy anunciado)


Hoy: La interna en el plantel argentino.

Open Gallo, Abasto, Bs as, Argentina, abril de 2010.

Es sabido por todos que el equipo argentino entrena en las canchas de Open Gallo en el mítico barrio del Abasto. Aquel barrio que supo inspirar a Luca Prodan, el mismo donde se besaban José Luis y su novia, hoy se tiñe de gris al volverse sede del que sea quizás el momento más tenso en la historia de los planteles argentinos de balón pie.

¿Qué pasó entre el tanque Madou y la gacela Faturos? ¿Es un problema futbolístico o excede el deporte? ¿Se han formado bandos? ¿Fue en la cancha? ¿Fue en el vestuario? ¿O en el baño? ¿Acaso todo sucedió en el baño? Aquí la historia.

Vestuario. La gacela después de un partido caliente se dispone a ducharse. Súbitamente el agua pasa de templada a fría. La gacela esta enjabonado y con champú en la cabeza. En ese momento el tanque Madou habría entrado al sector baños a hacer un pis. Faturos dice: “¿Hay alguien?” Madou duda. El partido ha sido difícil y el equipo del tanque no ha podido revertir la racha en contra. Han vuelto a perder, esta vez por un gol y sobre la hora. Para colmo en una pelota dividida ambos jugadores se han cruzado y Madou aún siente el tobillo izquierdo resentido. Decide no responder. La gacela ha sentido los pasos. Sabe que hay alguien allí. Sabe que no le han respondido. Asoma apenas la cabeza en busca de su ignoto interlocutor. El champú ha descendido hasta sus ojos y no puede ver con claridad pero cree reconocer aquella esbelta figura que en ese instante traspasa la puerta y se pierde lentamente por la escalera que lleva al sector canchas.
Algo en su interior entra en estado de ebullición, algo le huele mal y a pesar del agua helada siente que un leve calor le envuelve el cuerpo enjabonado. Queda perplejo mirando atentamente la puerta. Un minuto. Dos. Tres. En el minuto cuatro ve aparecer en la puerta al ruso Zak. Es extraño, piensa, ya que Zak no jugaba ese día. El ruso mira desafiante esa figura negra que lo interpela desde las duchas, pero el líquido viscoso que cubre la cara de Faturos le impide reconocerlo. Zak dice: "Son todos unos cagones" Y acto seguido estrella una copa contra el piso y sale corriendo en dirección desconocida. Otra típico caso de ebriedad Zakiana. La gacela, acostumbrado a estos desplantes, sigue allí esperando que alguien venga en su ayuda. Al minuto nueve la cosa ya huele muy mal, al calor ha aumentado considerablemente y un negro humo comienza a recorrer el ambiente. Ahí es cuando nota que ha dejado sus prendas apoyadas sobre el radiador que calefacciona los vestuarios. Haciendo uso de su característica agilidad y destreza corporal da un salto y de un golpe dirige la flor de la ducha hacia sus pobres prendas incineradas.

Ese fuego se ha apagado. Pero otro se está encendiendo en su interior. Él, la gacela Faturos, está solo y de pie en medio de los vestuarios. Semidesnudo, enjabonado, con champú en los ojos, con sus nuevos shorcitos de futbol incinerados en sus brazos dando pena verdadera, y además de todo: ahumado.
Su orgullo está herido. Y sabe que hay alguien que pudo haber evitado éste desastre.

En la próxima entrega: el comportamiento del tanque Madou y lo que al mismo tiempo sucedía en el sector canchas...

¡¡¡Qué viva el futbol!!

1- Crónica de un partido anunciado (muy anunciado)

Y así parece. Llega nomás. Después de tanta advertencia, de mucho revuelo, de exageradas contiendas verbales, mailísticas, postales y voladoras, se acerca el día D. ¿Cuándo? Viernes 23 de abril. ¿Dónde? Boedo, Bs As, Argentina. ¿Cómo? 9 contra 9, 18 almas preparadas hace tiempo para dejar todo en la cancha, 36 piernas listas para correr, tocar, patear, acariciar un balón y alcanzar el cielo (o la copa) con las manos.
Un partidazo, señores. Y aquí, algunos antecedentes que hacen de este match transoceánico un partido picante y único en su especie:

Blannay, diciembre de 2009: Varios integrantes de ambos planteles se reunen en una quinta de Blannay, Francia, invitados a la celebración de una boda....Allí, se dice, comienzan los cruces verbales entre rivales.
Hay mucho que decir de ese momento.

1-Joni "el ruso" Zak habría intentado poner una sustancia diurética en la bebida del plantel francés al mejor estilo Bilardo en Italia 90. Desiste por dos razones: la primera, justo comienza su "picardía" con la copa del máximo agasajado: Maxime Seugé, sin reparar en que los Seugé son una banda y el uno solo. Los tres hermanos del novio "Los Seugé", que no sabemos por qué llevan en este momento pistolas de juguete y sombreros mexicanos, le hacen entender que de continuar con sus locas ideas lo van a colgar de un huevo en la torre más alta del castillo medieval francés. Zak quedá en silencio, mira desafiante a los franceses, los estudia, lo piensa, vuelve a pensarlo y en un segundo de lucidez, o instinto de supervivencia, se toma el palo. Queda resentido pero al notar ésta desigualdad numérica habría ido en busca de apoyo logístico entre sus compañeros de plantel.
Segundo, al buscar dicho apoyo encuentra una respuesta negativa para sus planes. El 90 por ciento del plantel argentino está basicamente ebrio y festejando alocadamente. Al oir la idea de Zak habrían respondido: "Pará. Es una fiesta esto. Vamo´a escabiar" A lo que el ruso responde: " Son todos una manga de cagones", y en un ataque clásico de ebriedad zakiana (estos ataques le han costado varias convocatorias y contratos) comienza a estrellar copas contra el piso y a escupir paredes y ventanas. La "gacela" Faturos y el "bonza" Ruiz lo sacan de las pestañas y lo sientan en una escalera. Bonzai Ruiz habría dicho: "Una cosa es mear la estatua de Lorca pero acá te estás pasando de la raya." Y la gacela Faturos: "La dieta me está matando. ¡Pero qué flaco estoy! ", seguidamente comienza a hacer abdominales en la pista de baile.
En este momento aparece la técnico argentina a quien el resto del plantel ha ido a buscar. Zak le dice: "Son todos cagones" La técnico responde: "Mi amor, a ver si pensás un poquito. Primero, te van a moler a palos. Segundo, estás ebrio. Tercero, el efecto del diurético no va a durar hasta abril. Es imposible. No seas bobo." Zak se pone de pie, piensa, vuelve a pensar, se apoya en una moto que vaya a saber como apareció allí y se desmaya.

Esta es solo una de la historias que rodean este gran partido. Verdad o simple chusmerío barato....nunca lo sabremos pero condimentan una contienda que promete. Hay más, mucho más....en la semana irán llegando.

¡¡¡Qué viva el futbol!!

sábado, 16 de mayo de 2009

La chilenita de Colonia

Me arrojé de espaldas y con ganas sobre la cama del cuarto de pensión. Cerré los ojos y dejé que la cálida y reconfortante sensación de embriaguez navegara por mis venas. Todavía podía sentir el suave movimiento de la hamaca paraguaya donde hasta hace unos momentos mis piernas se anudan con las de ella y dos pares de brazos, cuatro manos y dos bocas buscaban, encontraban y se dejaban llevar. Al principio atribuí el movimiento a la cerveza pero no tarde en reconocer que era la memoria del cuerpo la que insistía con el vaivén hamaquero. La suave brisa que no corría en el interior de la habitación aún me refrescaba la cara y el fresco aroma a verde no quería abandonar mi nariz.
Tampoco yo quería que lo hiciera, claro está, pero lamentablemente los olores, como el resto de los sentidos, no siempre se acomodan a nuestra voluntad. Hoy coincidimos, mañana no sé.
Pensé que tal vez nunca volvería a verla. Pensé que podría hacer algo al respecto. Pensé que podía tocar la puerta de la habitación donde dormía y hacer alguna aclaración. Pensé, también, que la despedida había sido casual, cotidiana, como si el día que venía llegando fuese a encontrarnos otra vez en el mismo lugar. Un beso, nomás, uno o tal vez dos.
Pensé. Luego no pensé más. Y estuvo bien.

Cuatro de la tarde. Yo venía de Montevideo, ella de Buenos aires.
Yo pasaría aquí una noche. Ella también.
Al día siguiente ella subiría a un micro con destino a Montevideo.
El mismo día yo cruzaría el río de la Plata hacia Buenos aires.
Nos cruzamos ahí, en la estación, llegamos a Colonia al mismo tiempo, apenas nos vimos, no sé si nos miramos, seguro que no hablamos y cada uno por su lado salimos a buscar.
A buscar no importa qué. Hay ocasiones en que uno sabe qué es lo que anda buscando y hay otras en las que no. No sé qué buscaba ella y mucho menos puedo saber qué es lo que busco yo, pero en la vida uno busca, siempre. Una infinita sucesión de búsquedas que no debe detenerse nunca. No se trata de abandonar lo que se encuentra sino todo lo contrario. Tomarlo, disfrutarlo y, cuando se quiere, aunque no dependa exclusivamente de uno, hacer lo imposible por no perderlo. Lo imposible... que algunas veces alcanza.
Sumarlo, juntarse, mezclarse y salir a buscar. Buscar. Encontrar. Fortalecerse de lo encontrado para buscar otra vez.

En eso me encontraba yo cuando llegué a la pensión donde, tiempo atrás, había permanecido durante varias noches. Fue como llegar a casa. Lo sentía así. Estaba cómodo, a gusto, familiarizado con el ambiente y con la gente. El lugar había dejado en mí un agradable recuerdo, de verdad me había gustado mucho y de esa forma lo había expresado luego en varias ocasiones. Sentado en medio del patio colonial al que asomaban ventanas, puertas, balcones, hojas de verdes distintos y flores de colores vivos, encendí un cigarrillo. Me gusta este lugar, pensé, y guardé esa imagen en la memoria.
Sabía que me esperaban. En ese mismo patio había pasado la noche de año nuevo junto a muchas otras personas que antes no conocía. Dos de ellas estaban allí otra vez y por esas cosas de los viajes, las idas y las vueltas, me habían hecho el favor de sacarme el pasaje a Buenos aires.
Este saber que alguien espera y te recibe potenciaba aun más la sensación de localía.

Ella, en cambio, nunca había estado en esta pensión. Ni en Colonia. Ni en Uruguay. Preguntó dónde dormir. Llegó. Y en esa recepción con ventana a la calle, sentada y registrándose, la encontré.
Yo ya estaba a medias registrado.
- ¡Volviste! Pero muy mucho mas bronceado - me dijo una de las señoras que atendían el lugar - Estás en la 11. Está Juana, ella avisó que llegabas.
- Perfecto – respondí - Y sí. Estuve dando vueltas. Llegué hasta Punta del Diablo, vengo de ahí.
- ¡Apa! Hasta arriba de todo te fuiste. Mirá, a él le tenés que preguntar entonces, te puede decir.
Eso lo dijo mirando al otro lado de la mesa sobre la cual se mezclaban un montón de papeles, biromes, lápices y un gran libro de registro. Desde ese otro lado ella me miró y preguntó algo. Algo respondí yo. Y cada uno a dejar sus cosas en la habitación.

Ante mí dos opciones. Podía ir a la playa donde sabía estaba la gente conocida de mi estadía anterior, o bien, salir a caminar por la pequeña ciudad, dato no menor, y buscar un poco.
Me fui a buscar entonces. Caminé por el casco histórico y me sorprendí al reconocer que en tantos días solo lo había caminado de noche y de manera ocasional. Me alegre de estar ahí, de la costanera, del río, de ver las antiguas paredes de piedra a la luz del sol como algo nuevo que ahora estaba descubriendo. Un rato caminé hasta que, vaya uno a saber por qué, las piernas me llevaron de regreso al punto de partida.
Llegando se iba. Digo, llegaba yo y se iba ella.
Como yo venía por la mano de enfrente, ya desde la cuadra anterior había fijado la vista en el largo frente colorido de la pensión y a través de una de sus altas puertas de madera la vi salir. Caminó en dirección a mí por la mano contraria, dobló en la esquina y calle abajo, hacía el río, se perdió tras una lomada.
¿Me vio? No sé. Pero yo sí la vi.
Entré. Quizás pasé por el baño, luego por la habitación, sin prisa y con calma, emprendí la marcha por la misma calle donde la había visto seguir.
Caminando por la costanera la volví a encontrar. De espaldas al sol, una lona sobre la arena, en una pequeña ilusión de playa sobre el río, escribía en un cuaderno rayado.
Seguí caminando y al cabo de un rato me detuve. Tenía hambre. Eran casi las seis de la tarde y noté, sin sorpresa, que no había comido nada en todo el día.
Sentado a la mesa de un carrito con vistas al río pensaba cual sería la mejor manera de acercarme, de empezar algún tipo de comunicación.
Es increíble la facilidad con la que uno puede complicar las cosas más simples.
Y sí, en esta circunstancia, aunque a corto plazo, sabía perfectamente qué estaba buscando.
Bajé a la ficticia playita, pase por delante de ella con cara de desentendido y de reojo, furtivamente, busqué una reacción. Un gesto. Una invitación.
No dije nada y, en realidad, apenas si miré.
Nada.
Nada de nada. Ella no me miró, al menos yo no la vi, ni me atreví a decir.
Me ubiqué, perezoso pero estratégicamente, a unos dos metros de ella. Hacía calor. Me saqué la remera, me coloque en actitud playera, abrí un libro que me acompañaba en la ocasión, y con la espalda sobre la arena me eché a leer.
Claro, cada párrafo estaba intercalado por una inocente espiada al costado.
Cruzamos miradas. Me sonrió (al fin y al cabo éramos viejos conocidos en tierras ajenas), le sonreí y esbocé una especie de mueca extraña entre hola, intento parecer simpático, de verdad lo soy y no sé qué carajo decir. Luego, nada otra vez.
Bueno, pensé, un primer contacto.
Me acostaba, leía, me incorporaba, me volvía a acostar. En cada acostada una mirada furtiva. En cada incorporación, una espiada más. Entre párrafo y párrafo, una licencia literaria.
Fue en una incorporación, mientras alternaba mi vista entre ella y el agua, cuando la descubrí sentada mirando el río. Espere...espere un poco más...y entonces sucedió. Mi pie. El gesto. La invitación. Lentamente vi girar su cabeza, se cruzaron las miradas, una mueca.
- ¿Te vas para la pedrera al final?
- Si, mañana temprano. ¿Qué lees?
Respondió + Sigue mirando + Simpática = Me acerqué.
Estuvimos hablando un rato, creo de Uruguay, o de viajes, o de qué hacíamos. Ella pintaba. Era de Santiago de Chile y había pasado una semana en Buenos Aires tomando un curso de serigrafía.
- ¿Tenés algo que hacer?
- No - respondí - más que estar acá.
- ¿Tomamos una cerveza?
Antes me atraía. Quería acercarme a mirar de cerca, a escuchar, a decir, a probar. Ahí estaba. Y me gustaba.
Las cervezas fueron dos, ahí en el casco histórico, una pilsen, una patricia. La primera la eligió el mozo, la segunda ella. Se hicieron casi las nueve y estaba por ponerse el sol.
- Vamos allá. A mirar.
Sentados en la escollera y ya después de algunos besos dijo:
-¿Cuando supiste que nos íbamos a dar un beso? ¿Qué algo iba a pasar?
Yo pensé en la playa.
- No sé - mentí - no lo pensé. ¿Por qué? ¿Vos lo supiste antes?
- Sí.
No importa cómo lo cuente, cómo yo creo que fui acercándome o como fui buscando la forma de hablar: tuve ahí la sospecha, y casi fue certeza, de que nada había dependido de mí.
Entre charlas y besos oscureció. Tenía que buscar mi pasaje. En realidad, más que el pasaje tenía que dar signos de vida. Al fin y al cabo dos personas que conocía hace poco tiempo se habían preocupado por sacarme un pasaje de vuelta, y como supe después, toda la movida no había estado exenta de complicaciones.
- Tengo que ir a buscarlos.
- Si quieres vamos. Te acompaño.
Fuimos. En una mesa sobre la calle éramos cinco. Comimos y seguimos tomando cerveza.
- ¿Para fumar alguien tiene?
Yo tenía. Fumamos en el cuarto de la pensión. En el mío, en el nuestro, como dije no dormía solo. Fumamos. Hablamos. Hablamos un poco más.
Después de un rato ella se puso de pie, me puse de pie, saludo y salió. Yo fui detrás.
En su cuarto dormían tres extraños. La hamaca del patio, en cambio, estaba vacía.
Había más gente en el patio. Pasaban de un lado a otro. Hablaban, gritaban, tomaban, reían. La pensión estaba llena. Pero de a poco iban cayendo y nosotros ahí en la hamaca seguíamos despiertos.
Algunos quedaban después de un rato pero eso no impidió que los cuerpos se entendieran y las bocas y las piernas y las manos y demás.
Sé que estuvieron ahí todo el tiempo y sin embargo hay momentos en los que puedo asegurar que olvidé por completo su presencia. Hay otros, claro, que no. Cuando me olvidaba era impune y cuando los registraba, según el momento, podía resultar incómodo, tedioso, divertido y hasta estimulante.
Creo que en algún momento me dormí, no mucho, pero soñé. Y me queda la sensación de que ahí, así, podría haber pasado la noche entera.
Luego paso el tiempo, entre el mecerse y lo demás, hasta que nos despedimos. Hasta ahí habíamos llegado, hasta aquí las circunstancias nos habían permitido hacer.
Ella partía en pocas horas. Yo en algunas más. Ella se acostaría en una cama y yo en otra. Solos los dos. Lo nuestro era la hamaca. Uruguay. Luego Chile para uno, Argentina para otro.

En eso pensaba. Echado en la cama de aquel cuarto de pensión, mirando el techo de madera, sintiendo el ir y venir de la hamaca suspendida en el aire, oliendo rico, con la cara fresca de viento, pensaba:
¿Y si nunca la vuelvo a ver? Honestamente, no creo que la vuelva a ver. Está bien.
Si quería podía saber de ella. Tengo su dirección de correo. Tengo la suya aunque ella la mía no. Le mando un mail y listo.
Luego dejé de pensar y dormí.
Perdí su dirección. Perdí el papel dónde me había anotado, simpática, burlona, provocando:
“ Con aclaración, por si tuviste muchos amoríos por aquí...” (Sin ninguna inocencia me halagaba)
Su dirección de correo, y debajo con su misma letra: “la chilenita de Colonia.”
- Pa´ que sepai quien soy.

Nunca la volví a ver.
Es lindo y alegre el recuerdo de esa sola noche.
No es pena la mujer que no ves nunca más.
La pena es cuando no se puede dejar de ver. Aunque no la vea.


Enero 2007