miércoles, 21 de abril de 2010

2- Crónica de un partido anunciado (muy anunciado)


Hoy: La interna en el plantel argentino.

Open Gallo, Abasto, Bs as, Argentina, abril de 2010.

Es sabido por todos que el equipo argentino entrena en las canchas de Open Gallo en el mítico barrio del Abasto. Aquel barrio que supo inspirar a Luca Prodan, el mismo donde se besaban José Luis y su novia, hoy se tiñe de gris al volverse sede del que sea quizás el momento más tenso en la historia de los planteles argentinos de balón pie.

¿Qué pasó entre el tanque Madou y la gacela Faturos? ¿Es un problema futbolístico o excede el deporte? ¿Se han formado bandos? ¿Fue en la cancha? ¿Fue en el vestuario? ¿O en el baño? ¿Acaso todo sucedió en el baño? Aquí la historia.

Vestuario. La gacela después de un partido caliente se dispone a ducharse. Súbitamente el agua pasa de templada a fría. La gacela esta enjabonado y con champú en la cabeza. En ese momento el tanque Madou habría entrado al sector baños a hacer un pis. Faturos dice: “¿Hay alguien?” Madou duda. El partido ha sido difícil y el equipo del tanque no ha podido revertir la racha en contra. Han vuelto a perder, esta vez por un gol y sobre la hora. Para colmo en una pelota dividida ambos jugadores se han cruzado y Madou aún siente el tobillo izquierdo resentido. Decide no responder. La gacela ha sentido los pasos. Sabe que hay alguien allí. Sabe que no le han respondido. Asoma apenas la cabeza en busca de su ignoto interlocutor. El champú ha descendido hasta sus ojos y no puede ver con claridad pero cree reconocer aquella esbelta figura que en ese instante traspasa la puerta y se pierde lentamente por la escalera que lleva al sector canchas.
Algo en su interior entra en estado de ebullición, algo le huele mal y a pesar del agua helada siente que un leve calor le envuelve el cuerpo enjabonado. Queda perplejo mirando atentamente la puerta. Un minuto. Dos. Tres. En el minuto cuatro ve aparecer en la puerta al ruso Zak. Es extraño, piensa, ya que Zak no jugaba ese día. El ruso mira desafiante esa figura negra que lo interpela desde las duchas, pero el líquido viscoso que cubre la cara de Faturos le impide reconocerlo. Zak dice: "Son todos unos cagones" Y acto seguido estrella una copa contra el piso y sale corriendo en dirección desconocida. Otra típico caso de ebriedad Zakiana. La gacela, acostumbrado a estos desplantes, sigue allí esperando que alguien venga en su ayuda. Al minuto nueve la cosa ya huele muy mal, al calor ha aumentado considerablemente y un negro humo comienza a recorrer el ambiente. Ahí es cuando nota que ha dejado sus prendas apoyadas sobre el radiador que calefacciona los vestuarios. Haciendo uso de su característica agilidad y destreza corporal da un salto y de un golpe dirige la flor de la ducha hacia sus pobres prendas incineradas.

Ese fuego se ha apagado. Pero otro se está encendiendo en su interior. Él, la gacela Faturos, está solo y de pie en medio de los vestuarios. Semidesnudo, enjabonado, con champú en los ojos, con sus nuevos shorcitos de futbol incinerados en sus brazos dando pena verdadera, y además de todo: ahumado.
Su orgullo está herido. Y sabe que hay alguien que pudo haber evitado éste desastre.

En la próxima entrega: el comportamiento del tanque Madou y lo que al mismo tiempo sucedía en el sector canchas...

¡¡¡Qué viva el futbol!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario